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miércoles, 22 de octubre de 2014

La fuente de las mujeres

ASIGNATURA:     ELECTIVA HUMANIDADES II
                         CINE Y RELIGIÓN 
                         MUJER & VIOLENCIA
AREA:                GENERAL                  
PELÍCULA:         LA FUENTE DE LAS MUJERES
CONCEPTO:       REIVINDICACIÓN DEL PODER
                        Y DERECHOS
Película: La fuente de las mujeres.
Título original: La source des femmes.
Dirección: Radu Mihaileanu.
Países: Bélgica, Italia y Francia.
Año: 2011. Duración: 135 min.
Género: Drama
Interpretación: Leïla Bekhti, Hafsia Herzi, Biyouna, Salek Bakri, Sabrina Ouazani, Hiam Abbass, Mohamed Majd.
Guion: Radu Mihaileanu y Alain-Michel Blanc.
Producción: Radu Mihaileanu, Luc Besson, Denis Carot, Gaetan David, André Logie y Marie Masmonteil.
Música: Armand Amar.
Fotografía: Glynn Speeckaert.
Diseño de producción: Christian Niculescu.
Vestuario: Viorica Petrovici.
Distribuidora: Vértigo Flims.

SINOPSIS
En un pequeño pueblo, en algún lugar entre el norte de África y Oriente Medio, la tradición exige que las mujeres vayan a buscar el agua a la fuente que nace en lo alto de una montaña, bajo un sol ardiente. Ha sido así desde el principio de los tiempos. Pero un día, Leila, una joven casada, propone al resto de mujeres una huelga de amor: nada de sexo hasta que los hombres colaboren en el traslado del agua hasta la aldea.
Escrito por Julio Rodríguez Chico el 13.12.11 a las 12:24
TOMADO DE LA BUTACA: http://www.labutaca.net
En: http://www.labutaca.net/criticas/la-fuente-de-las-mujeres-una-guerra-de-amor/
“La fuente de las mujeres” es una película
bienintencionada en su lucha
por la igualdad de la mujer, que dulcifica el drama
y hasta lo hace tierno,
pero cuyo alegato es excesivamente
combativo y frontal, muy directo y poco sutil.
Desde un pueblo del norte de África nos llega un cuento que no es precisamente de “Las mil y una noches”, aunque trate sobre el amor y la oscuridad que invaden el corazón de sus habitantes. Es la historia de unas mujeres que se cansan del sometimiento que sufren en un mundo de hombres y que se ponen en “huelga de amor”, hasta que ellos las ayuden a traer el agua desde el manantial. En “La fuente de las mujeres” juega con los términos del agua y del amor, del manantial y del corazón para refrescar a los intérpretes del Corán el sentido original de las leyes del Profeta y para ensalzar la figura de la mujer. Igualdad para acceder a la cultura y a la sociedad, dignidad en el trato recibido por sus maridos y libertad para decidir su futuro son algunas de las exigencias de un grupo de mujeres espoleadas por Leila, una hermosa joven que sabe leer y escribir, que piensa por sí misma y que además ama sinceramente a su marido.
Ya desde el inicio se nos dice claramente que se trata de un cuento, y poco después se hace referencia explícita al libro de “Las mil y una noches” como paradigma de la cultura árabe y de la relación amorosa. También desde la primera escena, la cámara avanza por las calles del pueblo en un largo travelling, dándonos a entender el tono a pie de calle que se quiere imprimir a la cinta. Fantasía y realismo se combinan en un intento por denunciar una situación vejatoria de la mujer, y de hacerlo desde una perspectiva idealista y poética que aliente a emprender una guerra de sequía o de abundancia de amor, según se mire. En esta batalla por el agua que da vida, la lucha por la igualdad y la libertad de estos “diminutos insectos” —otra metáfora para hablar de la mujer indefensa, aprovechando la llegada del periodista— se convierte en algo esencial, y Mihaileanu se sirve de personajes cultos o enérgicos para lanzar sus reivindicaciones. De esta manera, la propia Leila, su marido y maestro, o la vieja Fusil son voces modernas que reclaman los derechos de la mujer.
El problema del guión es que todo es muy directo y poco sutil, a veces algo impostado. La mezcla entre lo culturalmente autóctono y lo occidental resulta explosiva, y los bailes y cantos se convierten en un apunte de exotismo para barnizar una fábula pintoresca pero no real, mientras que las figuras del maestro o del periodista chirrían y sólo sirven para lanzar un mensaje. Los personajes están dibujados con sensibilidad y delicadeza pero también con trazos superficiales, y sólo Fátima, la suegra de Leila —gran trabajo de Hiam Abbass— parece tener un pasado que determina su actuar, al igual que un imán cuyo rostro es de los pocos en que se adivina un trasfondo y una esperanza para el mundo islámico. La planitud del maestro es propia de la telenovela mexicana —a la que se hace repetida alusión—, lo mismo que la historia de la joven Esmeralda o la de ese periodista que sonroja al espectador. También son estereotipos los personajes de la misma Leila o de Fusil, pero en el primer caso Leïla Bekhti hace un trabajo aceptable, y en el segundo la anciana resulta simpática como madre coraje.
“La fuente de las mujeres” es, con todo, una película bienintencionada en su lucha por la igualdad de la mujer —estrena la nueva calificación promovida por el ICAA—, que dulcifica el drama y hasta lo hace tierno, pero cuyo alegato es excesivamente combativo y frontal. La historia está poco lograda al contrastar la tradición y la modernidad, sin equilibrio ni desarrollo al abordar tanta subtrama y ambiente —los turistas y el pasado colonial, el mundo urbano y el poder político y periodístico, la convivencia de la autoridad religiosa y municipal, la misma historia de Fátima y de Esmeralda—, y se queda siempre a medio camino entre la poesía y la denuncia, entre el cuento y el relato. Su diseño de producción y su música folclórica —quizá lo mejor de la cinta— no bastan para crear una ambientación que respire autenticidad, y la mirada y el discurso occidental se imponen hasta llegar a un desenlace mejorable en esta guerra de amor que un día emprendieron unos seres diminutos.
“La fuente de las mujeres”: Aristófanes para orientalistas
Escrito por Jordi Revert, el 09.12.11 a las 23:58
TOMADO DE LA BUTACA: http://www.labutaca.net
Como fábula, “La fuente de las mujeres”
puede resultar agradablemente ingenua y hermosa
en la sensibilidad con la que retrata a sus mujeres protagonistas.
Como denuncia, es una película
cargada de tópicos sobre la cultura musulmana.
Durante el pasado mes de julio, las mujeres del distrito de Barbacoas, al suroeste de Colombia, se declararon en “huelga de piernas cruzadas” como medida para obligar a sus maridos a presionar a la administración para construir una carretera que salvaría vidas y conectaría la población. La idea de estas mujeres, que recorrió los sumarios de noticias curiosas de medio mundo, no era sin embargo original, sino que Aristófanes ya la había plasmado siglos atrás en su “Lisístrata”. Hoy lo que la realidad robó a la ficción parece volver a esta última, y en categoría de fábula, en “La fuente de las mujeres” la nueva película del rumano Radu Mihaileanu el director de “El concierto” (2009).
Es precisamente esa clasificación de cuento que se nos avisa desde los rótulos iniciales, la mayor baza y también la mayor tara de la película de Mihaileanu. Supone una baza porque redime a esta ficción de su ingenuidad excesiva y su acaramelada bonhomía, porque hace que su risueño carácter sea más estimable cuanta más delicadeza hay en la aproximación a sus mujeres protagonistas. Pero al tiempo, esa fachada amable se construye sobre un inagotable número de tópicos y arquetipos que simplifican hasta lo vergonzoso la cultura oriental y musulmana: costumbrismo e idiosincrasia reducidos a postal, machismo exacerbado y sin medias tintas desde el sexo opuesto, fanatismo escudado en la tradición y las teocracias, modernidad y progreso a reclamar identificados como imposiciones esencialmente occidentales. La película de Mihaileanu denuncia las atrocidades que la mujer árabe sufre en sus carnes día tras día, posa su mirada sobre injusticias habitualmente unidas al género y amparadas en convenientes interpretaciones de la ley islámica, pero acomete esa visión con la superficialidad antropológica del orientalismo peor avenido, el mismo con el que las propias protagonistas de esta historia identifican, por ejemplo, a las mujeres mejicanas a través de los estereotipos de telenovela.


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